De los bardos Destacado

60 kilómetros

Seis decenas de kilómetros y hasta cuatro casetas de peaje (dependiendo de qué punto salgas y cuántos tramos quieras recorrer por la carretera libre) separan a Toluca de la Ciudad de México.

Con 10 campeonatos de liga, los Diablos Rojos indudablemente serían un grande del futbol mexicano… si esos 60 kilómetros no existieran, porque la grandeza en México parece estar reservada para equipos de la capital, a menos que seas el Club Deportivo Guadalajara. La pequeña distancia de la ahora CDMX pesa.

Del otro lado no son 60 kilómetros pero la cercanía con el ex Distrito Federal es emocional. Los Rayos del Necaxa aún añoran los días en que el Estadio Azteca era su casa y no una ciudad donde la tauromaquia tiene más reflectores que su futbol.

Tanto es así que los necaxistas de la vieja escuela aprovecharon que su equipo jugaba solo a 60 kilómetros de su ex casa para hacerse presentes y por unas horas volverse a sentir cuasi-capitalinos.

Un doble oso de Barovero. Un intento curioso de aprovecharlo por parte del local. El morbo de la visita del porta aviones Velázquez a su ex casa. Dos leyendas en algún momento de los noventas para ambas instituciones, Hernán Cristante y Nacho Ambriz en el banquillo. Postes, llegadas, cánticos. Los ingredientes del caldo mejor sazonado ahí estaban, pero por alguna razón, le faltó sabor (y goles, claro). Quizás si el partido se hubiera jugado 60 kilómetros más hacia el noroeste del país estaríamos hablando del partido -o uno de los partidos- de la jornada. Pero no…

Contador de historias a través del deporte.

Comments

comments