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El futbol nacional y su doble moral

[dropcap]H[/dropcap]an sido días turbios y atípicos para el futbol mexicano. En un par de semanas pasamos de juzgar a un jugador que no se atrevió a fallar un penal, expiando así las culpas del árbitro y de todos los que han pecado alguna vez dentro de una cancha; a señalar con el dedo inquisidor a un entrenador que sucumbió ante la ira y cuyo castigo fue la orca; pasando por un presidente que de facto tomó desiciones aun sin serlo oficialmente.

Todo comenzó cuando un joven de nombre Andrés se atrevió a meter un penal regalado por el silbante y que a la postre salvara al Tri de la quema y de la eliminación de un torneo de poca calidad futbolística. Cómo se atrevió a castigar desde los 11 pasos al vulnerable Penedo, por qué no castigó a la Concacaf con el balón blanco del desprecio y lo tiró a un lado de la portería, eso, hubiera sido la redención para todos los pecadores de nuestro futbol. Las voces retumbaron en redes sociales y medios de comunicación alcanzando los oídos de los personajes más puritanos del balompié nacional, crucificando a aquel que guardo el esférico en la red, como sí ellos lo hubieran hecho así.

Después, de la sombra de un micrófono un comentarista apareció y se convirtió en el verdugo de un entrenador hastiado de protagonismo, que pasó del infierno a la gloria en cuestión de horas. Ante la sátira, disfrazada de crítica con apelativos como “barra brava”, “populachero”, “porrista”, “bulldog”, “corriente”, “marketinero” y “valentón”, el Piojo cobró venganza por su propio puño y golpeo al que para algunos se convirtió en el mártir que había tirado la piedra y ese día, escondió la mano. Ya en el estrado de los acusados, el entrenador hizo un último intento por salvarse de la guillotina, desmintió la versión del narrador, pero al final la verdad y un código de ética que cura en salud a los altos mandos de la FEMEXFUT, definieron el destino del que perdió la razón.

Finalmente, el mazo del juez cayó y con un grito de unidad dio la sentencia final, Herrera ya no merecía el banquillo nacional. Sin ser aún oficialmente el presidente de la Federación, Decio, quien fue señalado de misógino por una conductora de televisión, paradójicamente, “respeto” fue algo de lo que en su discurso pidió. Apeló a la unidad, adoptó a los medios de comunicación como un miembro más de la familia del futbol nacional. De María se olvidó, que no todos los medios son harina del mismo costal, porque como en toda familia hay preferencia por algunos integrantes de la misma, hay los que se ganan primero el dulce y luego los demás. Los medios están para señalar lo que se hace bien o se hace mal, para discernir la fantasía de la realidad, para cuestionar y no para alentar.

Así, es la doble moral en nuestro futbol. Hay quien juzga sin ser juzgado y quien predica no romper las reglas, pero las quebranta cuando le afectan.
Eduardo Flocha
@Eduardo_FLOCHA

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