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El Pañuelo Rojo: el grande más pequeño

El torneo estaba perdido para Pumas. Aún para los más afectos a los milagros. Cuatro equipos de los que dependía el resultado. Pero quedaba la última frontera: la dignidad. Un cierre que permitiera derrotar a los otros grandes por primera vez en un torneo desde el Verano 1997 (irónicamente de las pocas situaciones que quedan previo al último campeonato de Cruz Azul).

Quedaba Cruz Azul en el Estadio Azteca. Las imágenes borrosas de dos finales, una perdida y la otra ganada abrían el recurso del pasado. A cuando se hablaba de estos dos equipos como las potencias: por una parte, la “Máquina“, enfrente la “Cantera”. Dos imágenes inconfundibles de éxito, que el tiempo presente ha difuminado para dejar esta circunstancia en tonos sepia. Uno por el gusto de acceder a finales y no a ganarlas. El otro ni a ese recurso de la plata.

El encuentro tuvo dos momentos: en el que el Azul jugó como un equipo de liguilla y parecía otro baile para conseguir la tercera derrota consecutiva de los universitarios que contaban con su entrenador vía walkie talkie.

Un penal cambió la historia. Ya sólo a uno. Entonces, el puma volvió a sacar los colmillos. Las primeras muestras de pundonor bajo una circunstancia similar. Un resquicio que parecía suficiente, sin embargo, la bandera del auxiliar borró la posibilidad de por lo menos no salir del Azteca con una derrota. 2-1. Lapidario. Los números dirían que es posible, el calendario, con el Puebla vs Xolos elimina la posibilidad y después de terminar eliminados la semifinal pasada en uno de los encuentros más humillantes de su historia, ahora ni siquiera el consuelo de estar entre los ocho mejores.

El proyecto se desmorona, ni siquiera uno “de casa”, con peso en la institución pudo reanimar el barco. Marioni pasará sin pena, ni gloria mientras el brillo dorado de los Pumas se va convirtiendo en níquel. Industrial: ahí sigue, medio funciona, pero la jerarquía en un espacio mucho más chico.

Después del título ante Morelia, las alegrías son cada vez más esporádicas y cada vez menos felices, valga la redundancia (la hombrada contra Tigres en 2015, la Libertadores ante Independiente del Valle).

Y de nuevo, el oximoron sale a relucir un torneo más en los que las siete estrellas que quedaran intactas y las tribunas del Olímpico Universitario vacías después de la jornada 17: Pumas es el grande más pequeño y a este paso, quizás la etiqueta vaya quedando más y más grande.

La única pregunta que queda para la afición universitaria es: ¿hasta cuándo?

@omarrgc

Omar García
Cuando era niño, mi sueño siempre fue ser un jugador más valioso del Super Bowl. Apenas vi mis habilidades atléticas supe que sería un riesgo… para el que me viera jugar. Un día, negado a vivir como un fanático más, encontré en el periodismo la oportunidad de estar alrededor de este juego… aunque después de todo, sigo siendo un fanático más. Packer/Puma/Diablo/Met/Magic

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Omar García

Omar García

Cuando era niño, mi sueño siempre fue ser un jugador más valioso del Super Bowl. Apenas vi mis habilidades atléticas supe que sería un riesgo… para el que me viera jugar.

Un día, negado a vivir como un fanático más, encontré en el periodismo la oportunidad de estar alrededor de este juego… aunque después de todo, sigo siendo un fanático más.

Packer/Puma/Diablo/Met/Magic