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En mi casa y con mi gente, se me respeta

México, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela, esta es la lista de los países afortunados que han tenido la oportunidad de albergar los Juegos Centroamericanos y del Caribe de los últimos años.

Y se dice que son afortunados no solo porque han sido los anfitriones de esta justa tan importante y representativa a nivel regional, sino que además, el mismo hecho de fungir como locales les brindó la oportunidad de tener papeles muy positivos para sus naciones en esos juegos en especifico, ya que todos ellos, sin excepción alguna, terminaron dentro del top 5 en el medallero de ese año; este fenómeno no se suscitó únicamente cuando a El Salvador le toco albergar este evento en el 2002, en donde aun cuando no quedó entre los primeros cinco lugares, consiguió el mayor número de medallas en unos mismos juegos en su historia, lo cual viene a confirmar lo que sucedió en el caso de los países anteriores, la localia sí que pesa.

En esta ocasión, en donde los juegos se están llevando a cabo en Barranquilla, Colombia, los parces no son la excepción, al día de hoy tienen en sus manos el segundo lugar en el medallero (México por delante de ellos), pero por encima de la propia Cuba, la líder de esta justa, históricamente hablando. Y la pregunta, ¿qué es lo que hace se presente este fenómeno? ¿Cuáles son esas variables que entran en juego y que hace que los locales tengan ventajas sobre los que vienen en la condición de visitante?

La primera de ellas y la más obvia, es que tienes el cobijo de tu gente, tienes todas las porras a tu favor, las cuales no cesan en ningún momento, mientras que ocurre todo lo contrario para tus adversarios, el escenario puede tornarse hostil para ellos. Y la segunda, es que no olvidemos la gran ventaja que representa para los deportistas locales haber podido practicar las veces que fuera necesario en la sede de los propios juegos, es decir, no sería la primera vez que están sobre ese trampolín de 3 metros en específico, en esa cancha de futbol, en esa pista de tartán, etc; lo que al final sí termina por influir, ya que existe una especie de habituación a la situación, a esas condiciones particulares (desde la propia temperatura que se siente en el ambiente, los distractores que pueden haber alrededor, etc).

Es entonces que en el 2022, año en qué le corresponde los panameños ser los anfitriones de esta justa, veremos si pueden tener esta misma inercia, en donde puedan poner en práctica la ya famosa frase: en mi casa y con mi gente, se me respeta.

@amacias182

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