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“¿Cuál le gusta jovenazo?”: la piratería deportiva en la CDMX

El centro histórico de la Ciudad de México es una zona contrastante. Por un lado está el corredor Madero con las marcas más reconocidas del orbe y la Plaza de la Constitución, entendida en el imaginario colectivo como el lugar que nos representa e identifica. Sin embargo, del otro lado existe un mundo paralelo donde la piratería y las importaciones chinas predominan; un lugar en el que la autoridad es burlada al son de los silbidos y que también refleja otra faceta de la idiosincrasia mexicana.

Ubicado en el corazón de la colonia Centro, el Pasaje Cristal recibe diariamente a miles de personas que buscan ropa a bajo costo. Pero su fama viene de ser la Meca de la indumentaria deportiva pirata. Ya sea para hombre mujer o niño; de equipos mexicanos, argentinos, españoles o ingleses, cualquier camiseta se puede encontrar en dos pisos y poco más de 500 metros cuadrados.


Conociendo las camisetas

Entre jerseys, maniquíes y balones aparece un local cuyo número no es legible a simple vista. En las paredes cuelgan las playeras actuales de equipos mexicanos y europeos. A diferencia de las tiendas oficiales, donde cada camiseta tiene sus tres franjas en los hombros (Adidas) o el logo de la “palomita” (Nike), acá sólo aparece una línea o se imprime la marca “Soccer” en el pecho. No se vende la camiseta del PSV Eindhoven sino la del PSV “Eindovenn”; tampoco existe el Paris Saint-Germain de Neymar Jr., sino el Paris Saint-German del “Robin”, quien tiene el número 10 en la espalda.

Después de mucho observar al interior del local apareció Juanita, la dueña. Ella, de casi 50 años, accedió a la entrevista a condición de no dar su verdadera identidad. Sus 18 años en el sendero de la piratería le permiten explicar en pocas palabras el tipo de camisetas que vende: “nosotros manejamos una tela diferente a la original. La mayoría nuestra es de tela Inter70 y de poliéster. Pero hay otra más económica (…) se llama Bombay y se deshila un poco más rápido, pero fíjese que sí aguanta”.

El precio varía según el tipo de tela. Por ejemplo, las camisetas Inter70 cuestan 85 pesos, mientras que las de tela Bombay valen 40, sin importar si es de local o visitante. Ahora, uniformar a todo un equipo va de los 145 a los 160 pesos por persona e incluye playera, short, calcetas y el número, este último en caso de ser más de 10 jugadores.

Paralelamente a Juanita, José F. hace acto de presencia con su camiseta de la Jaiba Brava (equipo del Ascenso MX). Aunque se dedica a lo mismo que doña Juanita, don Pepe reconoce que la gente quiere artículos “chafas” de calidad y a precio razonable, por eso vende camisetas de tela 100% acrílico, traídas desde China. Estas cuestan $170, mientras que la equipación completa está en 290 pesos por jugador. Sólo los números están incluidos, poner el nombre o el apodo cuesta 20 pesos más.


No es pirata, es casi original

Hay dos principales tipos de playeras. Unas son llamadas “imitaciones” y se hacen en nuestro país. La tela es de baja calidad y los escudos están impresos sobre la misma. Son las más económicas, pero también “las menos resistentes según el número de lavadas”, en palabras de Juanita. De hecho, ella las vende y las pide desde Guanajuato, tardando cinco días en llegar a la capital.

Por otro lado, las playeras clonadas son las más parecidas a las originales, pueden llevar el mismo escudo y la marca de ropa a la que pertenecen (Nike, Adidas, Puma, etc.). La diferencia es que no tienen los parches de la liga en las mangas, además de que los patrocinadores están impresos en la tela. Don Pepe vende este tipo de mercancía y la defiende con ironía, “no es que sea pirata, en realidad se parece mucho a la original”.

Para los coleccionistas de camisetas las diferencias son evidentes, pero cualquiera puede creer que en el Centro se vendan las originales. Al fondo del local de don Pepe aparece la camiseta del Paris Saint-Germain. A primera vista parece sacada de una tienda oficial, ya que en la parte de abajo aparecen las etiquetas distintivas de Nike. Pero cuando Pepe la quita del gancho y la extiende se nota que el patrocinador (Fly Emirates) está impreso en la tela, además de que un delgado hilo une las letras del escudo. Sí, era clonada.


Jugar con fuego sin quemarse

El principal peligro de los casi 700 vendedores en esa zona es la policía. Don Pepe sabe que comete un delito cada vez que abre su local, pero dada su situación personal, no encuentra otra manera de solventar los gastos familiares: “esto es piratería (…). Si llega Hacienda me quita todo porque lo que estoy haciendo es violar los derechos de autor. A diferencia de las originales, nosotros no pagamos impuestos ni transporte y aparte estamos usando algo que no es nuestro. Ya si nos agarran pues nos meten al tambo”.

A pesar de que nunca ha sido detenido por la policía, a él le ha tocado saber de otros casos como el del 17 de noviembre de este año, en el que la Procuraduría General de la República (PGR) realizó un cateo para decomisar todas las prendas deportivas pirata en el Centro. Aunque no hubo detenidos, la dependencia informó en un comunicado que aseguró dos mil 746 prendas y 10 locales comerciales. Por supuesto que fue un golpe a los vendedores informales, pero considerando el número de personas y de lugares que se dedican a esta actividad, el impacto fue bajo.

Un negocio rentable

A pesar de ser un trabajo ilegal, tanto Juanita como Pepe entienden que los riesgos son tan grandes como las ganancias obtenidas. Si bien ninguno quiso adentrarse en términos económicos, sí confesaron que hay periodos de altas ventas. Para Juanita llega en septiembre y noviembre por diferentes motivos: “en septiembre porque apenas van saliendo los nuevos modelos y la gente los quiere tener rápido (…). Y en noviembre porque se hacen torneos en la ciudad. Me parece que es el 15 y 16, no sé exactamente, pero lo que sí sé es que vienen muchos a pedir uniformes completos”, comentó.

En cambio, para Pepe tanto el fin de año como los meses previos a los torneos importantes son temporada alta. Por ejemplo, las camisetas “vuelan” cuando México juega el mundial, la Copa Confederaciones o la Copa Oro. Según él, diario vende entre 20 y 25, cifra que contrasta con las nueve que vende Adidas en cada una de las 38 tiendas que maneja. Haciendo cuentas, cada día las marcas deportivas pierden 5 mil pesos debido a la piratería tan sólo en camisetas.

La ropa “chafa” es muy buscada porque no toda la población tiene los recursos para comprar ropa original, mucho menos para la deportiva. Aun así Jean Carlo Beas, director creativo especializado en deportes, opinó sobre la importancia de comprar playeras originales a pesar del precio que tengan: “tú pones una playera original contra una pirata y las ventajas y desventajas salen por sí solas. La diferencia está en que a largo plazo la original te va a rendir más por el tipo de tela, que es más resistente. Por muy caro que cueste, es una mejor inversión”, dijo.


La leyenda de las filtraciones

Para los vendedores, las filtraciones son el pan de cada día. Ya sea a través de los clientes, la competencia o por internet, el tener las nuevas playeras de los equipos es música para sus oídos. Aunque no todos se enteran al mismo tiempo. Por ejemplo, algunos como don Pepe visitan la página Todo sobre camisetas para estar al tanto, pero otros se enteran por el proveedor, quien les lleva directo “las de novedad”.

Se cree que las filtraciones son provocadas por las marcas para saber si los modelos agradan a la gente. Para aclarar este mito urbano, Jean Carlo Beas expuso su punto de vista: “todas estas filtraciones seguramente vienen de gente que intervino en el proceso, diseño y lanzamiento de las playeras, y de alguna forma se filtran (…) por más que existan procesos de confidencialidad en algún momento se llegan a filtrar, ya sea con fotos de baja calidad o medio escondidas”. De igual forma, las marcas hacen varios estudios de mercado hasta estar seguros de los gustos de los consumidores.


Alternativas contra la piratería

Entonces, ¿qué hace Adidas, Nike, Puma, etc. para reducir la piratería en sus productos? La respuesta está en las estrategias de marketing. Debe existir un elemento que sirva de enganche –en términos mercadológicos, gimmick- para el consumidor, que se vea atraído por el producto y lo convierta en un objeto de deseo. Jean Carlo reconoció que muchas marcas ya lo hacen, obteniendo resultados favorables: “la estrategia que hizo Adidas con la playera de México me parece muy interesante porque apela al sentimiento nacional (…) discursivamente le da otro valor, si de todas maneras la gente lo va a comprar, que ahora sepa que está hecha en el propio país”.

Asimismo, reconoció que destacar características de las camisetas aumenta el interés por adquirirlas en su versión original. Un ejemplo fue la serie de jerseys Nike hechas con PET reciclado, las cuales generaron buenas ventas para la marca por el hecho de hacer ver al consumidor que con su compra está contribuyendo al medio ambiente. Así como este existen varios ejemplos en los que no importa si ya salió la versión “chafa”, el punto es mostrar que el producto original es -lógicamente- único y que vale la pena comprarlo sin importar qué tan caro esté.

@alfredo_crosby

Alfredo Gutiérrez
"El segundo lugar es siempre el primero de los perdedores"... Ayrton Senna. Incursionándome en el periodismo deportivo. Los deportes, mi pasión. Los medios de comunicación, mi futuro hogar. El futbol, el hockey sobre hielo y el futbol americano son mis más grandes aficiones.

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