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La última gran alegría azul

Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes. Así nació. La idea de un inmueble que se convirtiera en catedral para el deporte mexicano llegó en el amanecer de la administración de Miguél Alemán Valdés como presidente de México.

Nació pensado para futbol americano, pero sus mejores días se dieron con el balompié. Selección Nacional, finales de Copa México, Campeón de Campeones, Primera División de México. Casa del América y el Necaxa en un principio.

Con la llegada del Olímpico Universitario y el Azteca, el futbol se desvaneció del estadio, hasta que cambió su nombre a Azulgrana por obvias razones. Ahora era el Atlante quién podía llamarse local. Entre 1983 y 1996, los Potros jugaron en la Nochebuena, conquistando el torneo 1992-1993, aunque jugando la vuelta en el Tecnológico en Monterrey.

Pero el idilio terminaría cuando el Atlante volvió al Estadio Azteca. Oscuridad.

Sin embargo, un año después, era Cruz Azul quien hizo del Coloso de la Nochebuena su casa. Apenas un año después de su llegada, los celestes llegaron a la final en búsqueda de conquistar la liga mexicana por primera vez desde 1980.

El rival era León. La fecha 4 de diciembre de 1997. Cinco de la tarde. El horario clásico de “La Máquina”.

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El Azul salió con los colores inversos. Vestidos de blanco, aunque con una cruz atravesada en el pecho, hoy, añoranza pura para la feligresía celeste. Incluso Óscar Pérez, un imberbe “Conejo”, que todavía jugaba con pelo, presumía un uniforme de marca distinta al conjunto Fila que usaba el resto del conjunto.

Primer tiempo. Las emoción más grande cayó dentro de la cancha, pero sin la pelota en juego. En los últimos segundos de la mitad, Pratóla, defensor esmeralda, cayó sobre Julio César Yegros, lo que desembocó en la expulsión del jugador panza verde y en un conato donde se puede ver a otro canterano celeste en los reflectores: Francisco Palencia.

El destino estaba marcado para la puerta del León. Esa final se definía por penales. Minuto ocho de la segunda parte. Alberto García intentó atajar un remate posterior a un tiro de esquina y no sólo dejó a los guanajuatenses con nueve, sino que provocó la pena máxima. Esta vez, cobrada por Benjamín Galindo.

El penal fue cobrado sin engaños, sin el baile previo. Un riflazo imparable del “Maestro” al ángulo izquierdo, que aunque Comizzo adivinó, nada pudo hacer. Cruz Azul 1-0 León.

Final del partido. Cruz Azul salió con ventaja con rumbo a León y a su único título mientras jugó en el “Coloso de la Nochebuena”.  La gran tarde. El gran triunfo. La gran alegría azul.

 

@omarrgc

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