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Realidad y magia: la final en Medellín

La historia que inexorablemente sigue repitiéndose: dos equipos que se vuelven a ver en un aniversario que se acentúa, dada la fascinación que tienen los seres humanos por los lustros y las décadas. Diciembre de 1993: Medellín. Mes y año donde una época funesta dio a su fin en el Barrio de los Olivos cuando el Comando de Búsqueda dio de baja a Pablo Escobar. Figura que aún 25 años después, en algunos aspectos, sigue con una huella que marca la pauta: eso no se puede repetir jamás.

Pero lo que si se repite es el marco: una final, entonces cuadrangular. Los involucrados son los mismos escudos que hoy: Independiente de Medellín y Junior de Barranquilla. Por aquella época; el balompié colombiano se definía en una última etapa con cuatro representantes en búsqueda del título: 19 de diciembre. Medellín vs Nacional. Junior vs América de Cali. Casi al día, se celebra el milagro que consagró a los del Caribe. Un gol en tiempo de compensación que puso el título con los rojiblancos.

Hoy, el marco es sólo uno: Medellín pintado de rojo, a pesar de que normalmente, tanto por cuestiones biológicas como éxitos deportivos y volumen de aficionados entiende más su pasión en el verde de Atletico Nacional.

Incluso, el taxi que acercó esta presencia forastera al Atanasio Girardot, lo sentenciaba: “esos huevones siempre pierden al fin y al cabo”.

La profecía más que una capacidad de adivino, es voltear a la realidad. Un 4-1 que parece lapidario. Sin embargo, la feligresía atiborró el estadio con la ilusión: la séptima corona.

Equipo: una bandera formada por el conjunto de unidades. Espejos dentro y fuera de la cancha, que sin embargo, no parece suficiente para Medellín: las llegadas, el dominio y el ímpetu son de ellos, pero el marcador sigue siendo de Junior, quienes encuentran pretextos de sobra para que el reloj siga la marcha y complique más la empresa roja.

 

Al atardecer del primer tiempo sin embargo, una pincelada hizo una postal casi de Botero: gruesa, voluminosa y de recursos reconocibles. Leonardo Castro hizo explotar el volcán. Medellín 1-0 Junior. El silbato no cesó la ilusión que se vislumbraba intacta y sobretodo, más cercana: ya eran dos los necesarios.

Carnaval absoluto: una pared de bengalas enmarcadas por humo rojiazul que lejos de marcar un rumbo para el regreso del segundo tiempo, se convirtieron en demora, que acomodó para una salida y regreso de los visitantes que prestó a la hostilidad: tiene miedo, el Junior tiene miedo, cantaba la hinchada.

Minuto 55, la oportunidad. La red fue besada una vez más y el volcán revivió con un remate de nuevo, de Leonardo Castro. Solo faltaba uno. La mesa puesta para la épica. El sueño de 44 mil almas que aspiraban a ser parte de una historia todavía no escrita.

 

Diez minutos después, la calma se convirtió en ansiedad y el remate de la horda atlántica llegó como no lo había hecho en el juego. Sin embargo, el cero nunca cambió: DIM 2-0 Junior.

Minuto 70: balde de agua fría y realidad: un desvío sin intención que termina besando el poste y que casi garantiza la coronación. De nuevo la cuenta tenía que ser de dos, aunque con 18 minutos. 2-1, gol de Junior.

Diez minutos más tarde volvió el alma al Atanasio: 3-1. Para la meta final seguía faltando uno. Leonardo Castro se vestía de héroe y con todo a favor, era gritar: “al abordaje”.

Sin embargo, las historias depende de donde se miren, cumplen o no caprichos. No pasó más. Para Medellín, fue la misma ilusión que cumple su aniversario de plata. De nuevo quedándose en su terreno de juego y con el lugar correspondiente a dicho metal. Pero para Junior era realidad y magia: de esos instantes de inspiración que desembocan en memorias muchos años después: ya sea por conocer el hielo o ganar un octavo campeonato.

Omar García

Omar García
Cuando era niño, mi sueño siempre fue ser un jugador más valioso del Super Bowl. Apenas vi mis habilidades atléticas supe que sería un riesgo… para el que me viera jugar. Un día, negado a vivir como un fanático más, encontré en el periodismo la oportunidad de estar alrededor de este juego… aunque después de todo, sigo siendo un fanático más. Packer/Puma/Diablo/Met/Magic

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Omar García

Omar García

Cuando era niño, mi sueño siempre fue ser un jugador más valioso del Super Bowl. Apenas vi mis habilidades atléticas supe que sería un riesgo… para el que me viera jugar.

Un día, negado a vivir como un fanático más, encontré en el periodismo la oportunidad de estar alrededor de este juego… aunque después de todo, sigo siendo un fanático más.

Packer/Puma/Diablo/Met/Magic