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Subjetivo: “Cuando se nos mueren los maestros”

Últimamente lo que salen son epitafios. El deporte varía, pero el ciclo continuo nos obliga a regresar a este punto. Memorias, aunque como en este caso, recuerdo de un recuerdo. La construcción de un imaginario. Las leyendas que se van y nos da una última excusa más para tratarlos de tu.

Los Packers de los 60 son un testimonio en piedra del mejor futbol americano en la historia: fundamentos. Sólo correr, sólo bloquear, sólo taclear. Duelos en frío y lodo. La mecánica precisa de una jugada que requería la perfecta ejecución. Pero esto va más allá del recurso literario que justifica los momentos más entrañables del equipo que amo para ponerlos en el lugar predilecto en la historia. Es la construcción misma de lo que hoy se entiende como futbol americano profesional. El mito que justifica el poder: la venida de Quetzalcoatl, el diluvio universal y Vince Lombardi.

Dentro de ese núcleo legendario, una unidad se separa del resto: la línea ofensiva. El eco de Lombardi mismo, quien jugó como liniero en su etapa colegial. El engrane que hacía funcionar el “Packer Sweep”: el reflector de quien salía de su zona en las trincheras a enfrentar el campo abierto y construir caminos para que Paul Hornung o Jim Taylor hicieran su magia. Entre leyendas como Skoronski, Curry, Bowman y Kramer, uno se erigió como el pilar: “el mejor jugador que alguna vez entrené”, dijo el coach.

Forrest Gregg fue parte de la transformación: segunda selección colegial dos años antes de la campaña más desastrosa en la historia de los Packers, se convirtió en el gran capitán de un equipo que conquistó cinco campeonatos de la NFL en siete años, incluyendo los dos primeros Super Bowls, además, por supuesto, de formar parte vital de aquel equipo que cubrió las 68 yardas necesarias para dar la vuelta al “Ice Bowl” frente a los Dallas Cowboys.

Mientras las hojas se van poblando de verde y el futbol americano aún está lejos de regresar, el invierno entró en las vidas de esta dinastía donde, poco a poco, las leyendas quedarán en los rincones de la memoria hasta que la siguiente generación tenga la idea de preguntar: “¿cuál es el mejor equipo en la historia?”

La partida del viejo 75 nos entrega otra vez la perspectiva de lo realmente importante en la vida: “ganar no lo es todo, es lo único” y “Dios, familia y los Green Bay Packers”… esto último no necesariamente en ese orden.

 

@omarrgc

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